martes

Fugaz

Acomodando las siguientes ruinas, contengo el meridiano. El maravilloso péndulo de dos ojos, el cobertizo insatisfecho de la fugaz estrella, se queda entre la niebla de una temprana noche, la naturaleza no comprime el estertor de un inevitable fracaso porque el idiota todavía sigue insistiendo. Escuchar una voz que prosiga lo antedicho, pero claro, si venimos acá a recorrer el pasto, a cantar canciones de campamento y tambalear hasta caer borracho y no tirar la botella. El aire conspira de tal modo que se acaricia con la inimaginable situación, como antes, pero fugaz.

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