viernes

De un mañana con sabor añorado

Cuando limitamos el campo visual alternativo aún mas de lo que está limitado, sentimos como se entorpecen los pasos en cada artibuto. Se genera algo así: un imán colándose tras los alambres de púa que tiene alas y se manifiesta con sensibilidad exquisita. La focalizacíon entonces, pasa por debajo de la marea desmesurada en circuitos de cristal hieloso casi derretido, como sobrellevando el congelamiento sobre el deslizarse de una ladera. No interesa nunca el alcance de la distancia, como que consiguiendo lo que quiere embarca zarpando un mantel con café sobre desdichas alteradas. Solo el sentir sigiloso corresponde a una tierra de huellas. A veces el mañana se me condiciona en un ser inoperante hacia un creer meticuloso, estipulado y pormenorizado.
Entonces respiro, permanezco sobre la incesante parábola operante de armar un arraigado sol de insomnio, como el viento apaciguado que sufre en el aire casi frenético.

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