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El invertebrado

Volver a llegar mas alto, implica determinados movimientos atormentados! -Suplicó el invertebrado aquella vez por la nube negra de la ciudad oscura.
Tanto hizo para alcanzarla, que trepó imprevistos atardeceres, se entorpeció poco a poco en cada paso, en fin, concretó de una vez por todas, el elixir de esta vida.
Digamos que el flujo en su sangre ya elige nuestro límite, pero también lo encierra en cautiverio para que se calme la marea, se propone a gastar aturdidas interacciones hasta culminar con cierto tipo de verdad incolora.
El sabor intrínseco de toda la parte alentadora, la consecuencia absoluta del devenir constante, los gastos imprevistos y la velocidad del asfalto, sofocaron al invertebrado en prefacios para un vendaval.
El mismo emancipaba el color del sol, construía las tardes provisorias en imágenes alternativas y acariciaba los pastos antes del rocío madrugador.
Sus minutos caóticos no demoraron, miles de apogeos se aventuraron en perseguirlo, pero su trabajo ya no era el de antes, ahora colocaba su sueño en las nubes negras de la ciudad oscura y dejaba al sol enmudecer en su fogata.

Relojería en un silencio

La aguja de la brújula, imantada a su favor, evidenciando el magneto polo que atrae la espera de una orilla desértica. Las del reloj en cambio, quedarán atónitas al saber que los segundos conspiran en lo eterno, que rechazan la bipolaridad, que se suman a las puertas de un infierno que, probablemente se cae sobre el cielo.
Apuntan siempre desde adentro, soportando algun flujo terrestre de polos opuestos, sobornando la mera acústica de tic-tac. Intervienen en el alma, agonizan el silencio eterno, padecen de campos magnéticos, suspiran con el despertador, alimentan la soberbia del imán de tu nevera.

Antes, en la cascada, los peces se cuestinaban si vendrán las cataratas a romper con ese tiempo. Es que, los dioses no soportaban del todo que éstas agujas no se muevan en el silencio, que se propagen de tal y tal forma. Y bueno, las repentinas visitas de la lluvia, culminaban con sus amargos tragos y demostraban una y otra vez que son partes de un cielo entretenido.

Visto el horizonte creíamos que nos caíamos, que los platos no eran planos y el precipicio era abismal sobre aquella corniza. Los hombres mas astutos sin embargo, verificaban con piedras preciosas en la corriente de agua, que algo las atravesaba, las contenía de otra forma, se rechazaban o se amontonaban, en una suerte de atracción novedosa.
Cómo es posible, que el arduo conflicto entre estas agujas permanezca en esta tierra?. Nadie lo sabrá.