martes

Respirar al ritmo de...

No te creo, trato, y no puedo, en el silencio verás, que todo surge hacia ahora, que nada es vano e irremediable, confabula un ánimo de respuesta que presuponga tantas alteraciones posibles, para asi atravesar cegadamente la distancia entre la furia y el ardor.

La máquina hace pedazos tus arterias, ese electromagnetismo que no aguanta y se te filtra por los poros, ondas que de una manera u otra influyen en tu cerebro y tu praxis de siempre, pero no importa, si los imanes conspiran y el campo es apaciguable a simpre vista. Parece una pieza complicada, un territorio pleno de luz y armonía, jamás debe ser intrumentalizado, nunca!...

Consolida un quehacer interesante, pero juzga por lo bajo y no es bueno, ella parece descubrir su lugar, piensa enteramente en la última canción que no se atrevió a llorar, deteriora miles de preludios azarosos, altera un incomprendible estado de radiación sometida a peripecias inaudítas, ¿habra algo de naturaleza o está tan convencida de su botella que no altera sus sentidos? oh no, permiso, calesita de juguetes, minimal de dos colores. El espacio construído para cometer el crimen perfecto, de reojo la mirás pero no queres probarla, se siente en peligro pero para mí, no es más que un centinela en un microrganismo.