martes

Paralela convulsión un tanto estremecida


Un día me cansé de correr por tu sombra, que no es tan ajena a la luz del árbol que la vereda aplasta, unas señales que condicionan tu manera de corregir el espasmo adquirido por la niebla de la tarde, el tumulto sofocante por momentos, impreciso entre la gente, se pierde entre el vendaval, azotando las distancias y mareas indestructibles. Creo que me pierdo y consigo, entre panfletos de una mañana o tal vez suspirando el recorrido del viento y escuchando las mismas ramas caer al mediodía, un trémulo astuto, curioso y complicado, ascendente y peligroso. Presagios de una incesante calma abandonan la estirpe casi dudosa, casi escéptica, anhelan el sentido no adquirido, no provocado, confeccionado por las partes del alrededor, toma forma cuando ven que a veces la tiniebla es pasaje a la cordura exquisita, como aquel cadáver que dejo libre sus cenizas, tiene condiciones, por eso es exquisita. El tránsito aborrece las aturdidas esquinas, concuerda unión desarmada para no tener que estructurarse y que no caiga otra pieza. Roger no querrá que tu consigas ese plato, frío, envenenado.

jueves

Lúgubre Amanecer


Sed, vas a golpear mi lengua, con la certeza de volver, única insaciable, de vos dependo y te soporto al despertar mañana. Desde aquella parte insoportable, de la luz por la que pasa, por sus ojos de frialdad, de insignificante tormento. El recorrido termina, después del estertor, que envidia el suspiro y amasija los asombros, se vuelve siguiendo una intensidad y lo sé, que solo vos vendrás por las horas, no es real el grito, es caída desde lo alto, para perderse y olvidar extrañar la calma apresurosa.
El sueño del viajero, que conmueve a viejos árboles y fortalece las distancias del agudizado invasor, inquieta bestia, atada en los escombros. Los impulsos de esta tierra fueron vistos en el pasado, no queremos más que dar el sentir, hasta que encerrado estás, entre lo hondo mas profundo, (sin salir del abismo, agotante es también esta caída) construido por esa aparente razón, que tapa la vista, además acalambra tu fiebre y quiere hacer quizás, escuajos, en tu sonrisa. Tonto amanecer triste e inseguro, das instantes solo para irte a un lugar en cualquier parte, de esta Tierra escuálida vulgar.