martes

Paralela convulsión un tanto estremecida


Un día me cansé de correr por tu sombra, que no es tan ajena a la luz del árbol que la vereda aplasta, unas señales que condicionan tu manera de corregir el espasmo adquirido por la niebla de la tarde, el tumulto sofocante por momentos, impreciso entre la gente, se pierde entre el vendaval, azotando las distancias y mareas indestructibles. Creo que me pierdo y consigo, entre panfletos de una mañana o tal vez suspirando el recorrido del viento y escuchando las mismas ramas caer al mediodía, un trémulo astuto, curioso y complicado, ascendente y peligroso. Presagios de una incesante calma abandonan la estirpe casi dudosa, casi escéptica, anhelan el sentido no adquirido, no provocado, confeccionado por las partes del alrededor, toma forma cuando ven que a veces la tiniebla es pasaje a la cordura exquisita, como aquel cadáver que dejo libre sus cenizas, tiene condiciones, por eso es exquisita. El tránsito aborrece las aturdidas esquinas, concuerda unión desarmada para no tener que estructurarse y que no caiga otra pieza. Roger no querrá que tu consigas ese plato, frío, envenenado.

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