miércoles

Entrañas

Pero es que los inquietos atardeceres eran los culpables!
de este tremendo desasosiego
que me atormentaba,
hostigaba
y sea lo que fuera
quizá
me pertenecía.

Cuando quite de mis entrañas,
de mis revueltas vísceras,
toda esa ascenderte alteración,
que me vuelve gangoso y tremebundo
por estar tan cerca de emanciparme
y perderme por tu cuello,
entendería que dormir en tu sueño
sería nuestro mundo no-disperso
y desordenado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario